Los Patos hacen vivo el concepto de cooperativismo.
“Temprano el día paría su noche”
Mario Santiago Papasquiaro
Poeta Infrarrealista
El jueves 19 de septiembre de 1985 ocurrió una de las mayores tragedias en la capital del país. A las 7:19 de la mañana un sismo de magnitud 8.1 grados derrumbó edificios, hospitales, hoteles y oficinas de gobierno. Quedando entre los escombros miles de habitantes.
Aquel día, no aparecieron las autoridades de gobierno, aparecieron manos solidarias que auxiliaron a las personas atrapadas entre el concreto y las retorcidas estructuras metálicas.
Los primeros momentos fueron vitales para organizar el rescate y brindar ayuda a las víctimas. Las herramientas, el agua, los alimentos, las tiendas de campaña, todo surgió desde la sociedad.
La cooperativa Pascual apenas acondicionaba las plantas que estuvieron cerradas tres años, pero no dudó en acudir al que sería su primer acto de solidaridad con la sociedad a la que le debía su existencia.
Desde el primer día al rescate
Los obreros de Pascual lograron recuperar la fábrica de refrescos y abrirla en forma cooperativa. El mes de mayo de 1985 la planta ubicada en la calle de Clavijero estaba a cargo de Valentín Bautista, un joven de 27 años de edad que se había destacado durante el movimiento de huelga.
Recuerda que los cooperativistas en septiembre estaban “en pleno mantenimiento para resucitar ese muerto después de tres años que estuvo arrumbado”.
El terremoto ocurrió cuando Valentín se dirigía manejando a la planta de la cooperativa y en el camino fue testigo de cómo “se desplomaban casas, oficinas y se levantaban como hongos de polvo”. Al llegar a su centro de trabajo recorrió con sus compañeros las instalaciones y no encontraron daños graves. Por la radio se fueron enterando de la dimensión del terremoto.
El Hospital Juárez colapsó
En 1970 se inauguró la torre de 10 pisos del Hospital Juárez en el predio ubicado en Jesús María número 13 cerca del centro de la capital y el día del sismo se derrumbó. Ahí se concentró, los primeros días, el apoyo de los cooperativistas, pues su centro de trabajo se localizaba a 600 metros del hospital.
Suspendieron sus actividades, explica Valentín, y se dirigieron con picos, palas y cuerdas a sumarse al rescate. “Como responsable de la planta a mí me tocó tomar la iniciativa y ese mismo día brigadas de compañeros asistimos al Hospital Juárez”.
Subieron hasta la punta de los escombros, “se hizo como un volcán con su cráter y se veían algunos cuerpos. Fue muy traumático”.
Al día siguiente regresó la brigada de cooperativistas para continuar la ayuda y a las 19:38 horas les tocó la réplica del sismo en los restos del hospital.
La sociedad se volcó a las calles en acciones de rescate y de apoyo a los damnificados. Dos días después del primer sismo se aplicó un operativo militar que acordonó las construcciones derrumbadas e impidió el acceso a la gente, pero las carpas de damnificados y el apoyo social continuaron.

Las costureras recibieron cobijo cooperativista
El sismo hizo visible la existencia de un corredor de edificios habilitados en talleres de costura por los empresarios de la industria del vestido. En ellos trabajaban costureras en condiciones precarias, con largas jornadas y salario bajos. Muchos edificios sucumbieron por el peso de la maquinaria, de los rollos de telas y de la cantidad de personas que ahí se encontraban.
Un caso emblemático de la tragedia ocurrida en el corredor de edificios, es el situado en San Antonio Abad número 150. El inmueble de 11 pisos en el que se encontraban las costureras se desplomó en el intervalo de dos minutos que duró el sismo hasta reducir su tamaño a tres niveles.
Valentín Bautista explica que en esos momentos había mucha consciencia de clase entre sus compañeros y las trabajadoras de la costura eran sus vecinas, a 10 minutos caminando. “Les dimos alojo en la planta. Llegaron más o menos unas 40 compañeras y metieron unas 25 o 30 máquinas que rescataron”.
Agrega Valentín, que les encargaron algunos trabajos, “creo fueron uniformes, algo sencillo. Ahí estuvieron trabajando un rato y tuvimos ahí guardadas las máquinas, fácil…como un año”.
Carrera de los damnificados con patrocinio de Pascual
La cooperativa de Pascual, además de responder solidariamente en el momento de la tragedia, mantuvo una cercanía con la organización urbana que surgió a raíz de los sismos, la Coordinadora Única de Damnificados (CUD).
Paco Saucedo, dirigente de la coordinadora, recuerda que antes del sismo el movimiento urbano popular ya mantenía un vínculo de solidaridad con la huelga de Pascual. “Yo estaba en la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero y visitábamos los campamentos de huelga. Salíamos a botear a los camiones y al metro. Ellos nos enseñaron a botear”.
Cuando fundaron la coordinadora, recuerda Paco, la solidaridad de Pascual fue duradera. “Se abrió un espacio, donde el movimiento urbano popular se convirtió en un actor social y político, con propuesta y diversificando las acciones con marchas, fiestas, bailes y hasta se organizó una carrera”.

En mayo de 1986 la CUD organizó la primera carrera de los damnificados que patrocinó la cooperativa Pascual. Marco Rascón, integrante de la coordinadora y autor de la iniciativa deportiva, cuenta que la Copa Mundial de Fútbol estaba a unas semanas de empezar “y no queríamos que el proceso de reconstrucción fuera olvidado”.
Por los vínculos con Pascual, explica Marco, que un año después daría vida a Superbarrio, las cosas fueron muy fáciles. ”Nos ayudaron con mantas, camisetas, nos prestaron unas camionetas y regalaron las bebidas”.
El recorrido fue de 10 kilómetros, la meta y la fiesta enfrente del Hemiciclo a Juárez, ubicado en la Alameda Central de la ciudad. Los premios los otorgó Elena Poniatowska y el ambiente musical estuvo a cargo de Botellita de Jerez.
A la pregunta, ¿qué es lo primero que te evocan los Patos? Marco Rascón sin titubear afirma: “Ellos hicieron vivo el concepto del cooperativismo”.
Imagen de portada: José Hernández Delgadillo. Terremoto 85, Atrapada.