Se cumplen 40 años de la pérdida del impulsor de la cooperativa Pascual.
“Decir Demetrio Vallejo era decir limpieza; decir entereza; decir lucha; decir respeto por uno mismo”: Elena Poniatowska
Esbozo de un personaje indoblegable
Cuando los obreros de Pascual conocieron a Demetrio Vallejo, el 17 de mayo de 1982, en la primera asamblea informativa de sus oficinas de Bucareli, no conocían de la dimensión del personaje que tenían enfrente. El encuentro con Vallejo se dio un día antes de que iniciara la lucha de los trabajadores de la que nacería la cooperativa Pascual.
Vallejo nació en Espinal, Oaxaca, el 7 de noviembre de 1910. Fue hijo de una familia campesina e indígena, hablante de lengua zapoteca. Ha sido considerado el líder obrero más importante del Siglo XX en México, vinculado al Partido Comunista Mexicano (PCM) en sus inicios y al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), que fundó junto a otro personaje como Heberto Castillo.
El periplo de Vallejo como ferrocarrilero inició en 1923, cuando ingresó como ayudante de telegrafista. Alcanzó las notas más altas cuando enfrentó a la dirigencia sindical “charra” (en favor de la patronal). Fue elegido en 1958 como secretario general de una de las organizaciones gremiales más grandes de Latinoamérica, con 59 mil 759 votos a favor y nueve en contra.
Como dirigente sindical, Vallejo promovió paros y huelgas en busca de mejoras laborales. Sin embargo, el movimiento ferrocarrilero fue reprimido el 28 de marzo de 1959, cuando el gobierno de Adolfo López Mateos tomó los edificios sindicales de los rieleros en todo el país y encarceló a Vallejo y a otros 3 mil compañeros suyos. A Vallejo se le acusó de disolución social, traición a la patria, conjuras comunistas, ataque a las vías de comunicación y contra la economía del país.

Once años, cuatro meses y un día estuvo preso. En la antigua cárcel de Lecumberri se dedicó a leer, escribir, estudiar legislación laboral y penal, con ello asesoró a muchos presos en la búsqueda de su libertad. Se le conoció como el indoblegable. Jamás pidió indulto, por el contrario, protagonizó una huelga de hambre para exigir su excarcelación. Su reconocimiento social fue tan grande que una de las demandas del movimiento estudiantil del 68 fue su liberación.
Al salir de la cárcel, el 29 de julio de 1970, Vallejo formó el PMT para respaldar los movimientos de trabajadores del país. El PMT organizó comités de base de mujeres, campesinos y obreros. Uno de ellos, sembró su semilla en la empresa Refrescos Pascual SA.
Así conocimos a Demetrio Vallejo
Pedro Chapital (obrero y músico), Cruz Martínez, Raúl García (alias el burro), Rafael Mariche, José Luis Orozco (el cinco) y Salvador Torres fueron de los iniciadores de la lucha obrera de Refrescos Pascual, cuenta Juan Espinal, socio fundador de la cooperativa.
Los trabajadores habían intentado hacer paro laboral dos veces en 1979, pero la acción fracasó y generó despidos masivos. El dueño, Rafael Jiménez, mantenía un control férreo con los empleados y cualquier disidencia era alertada y eliminada.
En enero de 1982 el Gobierno Federal decretó un aumento salarial de emergencia, pero en mayo Jiménez no había incrementado nada. En las plantas de producción circulaba la hoja volante El Pato Rebelde, que llamaba a buscar mejoras laborales.
El domingo 16 de mayo de 1982, en un encuentro fortuito del obrero Raúl García con Fernando Martínez, ex trabajador de Refrescos Pascual despedido en 1979 e integrante del PMT, este propone al obrero platicar con Vallejo. El mismo día habla con los asesores Dionisio Noriega y Raúl Pedraza, gente muy cercana al ferrocarrilero. Al día siguiente los obreros de Pascual ya tenían una cita con Demetrio en las instalaciones del PMT de la calle Bucareli.
Ese día, después de concluir el primer turno laboral, unos 40 obreros de Pascual se reunieron con los asesores Noriega, Pedraza, y por ahí, no en la primera fila, sino “agazapado”, estaba un atento y tranquilo Demetrio Vallejo. Los asesores estaban de acuerdo en realizar un paro laboral en Pascual, pero con más planeación y más organización.
“A ver compañero, espéreme – dijo Vallejo a uno de los asesores, de acuerdo a la memoria de Espinal- los compañeros ya tienen una pequeña organización, ya tienen un grupito de gentes y ya están decididos, ¿no?, entonces, yo sugiero que sea mañana mismo cuando se haga el paro”.
Así fue que el 18 de mayo de 1982 a las 6 de la mañana inició el paro de labores en la planta norte de Pascual SA, al que se le sumó la planta sur. Los asesores Dionisio Noriega y Raúl Pedraza acompañaron la movilización y fueron quienes difundieron de manera puntual el pliego petitorio de mejoras salariales y reparto de utilidades.
Eran ellos, junto a las abogadas Concepción e Isabel, quienes estaban en los campamentos y comunicaban a Vallejo el rumbo de la lucha. Eran la cadena de transmisión de la estrategia surgida del ex líder ferrocarrilero. Fue Vallejo quien en 1985, una vez ganado el laudo en favor de los trabajadores, propuso crear la cooperativa, figura de trabajo que sigue vigente 40 años después.
“En agosto de 1984 se convoca a una asamblea y ahí nos dan a conocer muy por encimita el tema de la cooperativa, confiábamos ciegamente en ellos y pues dijimos sí. Votamos todos los que estábamos en ese momento porque sí se constituyera como cooperativa”, recuerda Espinal.
Legado vivo
Vallejo murió el 24 de diciembre de 1985 siendo diputado federal por el entonces Partido Socialista Unificado de México (PSUM). Alcanzó a ver los primeros meses de trabajo de la cooperativa Pascual. “Fue hasta entonces, cuando nos fuimos enterando de su legado”, señala Juan Espinal. “Siempre procuró las condiciones más dignas de trabajo. Sin su lucha e ideología no hubiera existido un avance significativo en la defensa de la clase trabajadora”.
Cuando Vallejo salió de Lecumberri en 1970 fue a Matías Romero, Oaxaca, a reunirse con sus ex compañeros al parque central. Al correrse la voz, la gente salió a recibirlo. Así lo recuerda Juan Correa, ex ferrocarrilero: “Los trabajadores de los talleres abandonaron sus puestos y se vinieron al parque, los jefes les gritaban: ‘Te voy a tumbar el día’, y ellos contestaban: ‘Túmbame la quincena, pero yo no dejo de ver a mi amigo Vallejo”.
El reconocido poeta y periodista mexicano Efraín Huerta escribió estas palabras para describir lo que Vallejo generaba. “Recuerdo: cada vez que Demetrio Vallejo terminaba una parte de su informe, los rieleros gritaban: ‘¡Así está bueno, chaparrito! ¡Muy bueno!’ El hecho ocurrió en la glorieta de Peralvillo, frente al local de la sección 16 del STFRM. Asistí, atraído por el fenómeno Vallejo, para ver, aunque fuera de lejos a ese chaparrito que ha sido capaz de remover la conciencia de clase de un nutrido sector de los trabajadores de mi patria”.

El periodista Antonio Valle afirmó en un homenaje póstumo que “la cooperativa Pascual es la heredera directa del pensamiento de Demetrio Vallejo, su proyecto más acabado”. El cooperativista fundador, Juan Espinal, coincide sin dudarlo. A su manera de ver, la consolidación de un ente productivo trasciende luchas sindicales. En el caso de los ferrocarrileros, todos los logros sindicales se perdieron con la privatización y el retorno de un sindicato “charro”.
Un mensaje que Vallejo dejó a los integrantes de la recién constituida cooperativa Pascual, fue recuperado por Patricia Izarrarás en 2024 (entonces presidenta de la cooperativa). “Vallejo nos pidió no olvidar. El enemigo principal de las cooperativas ha sido la corrupción. Así las han desaparecido a la mayoría. Por eso, ustedes nunca dejen de ser trabajadores y tener conciencia de trabajadores siempre, nunca de patrones”.
Cada año la cooperativa Pascual realiza una guardia de honor a Demetrio Vallejo en donde descansan sus restos, en el Panteón de Dolores de la Ciudad de México. Asisten cooperativistas, ferrocarrileros e integrantes de sindicatos. Después, una comitiva sale rumbo a su tierra natal, Espinal y luego a Matías Romero, Oaxaca, donde es recordado con fiesta y homenajes. El legado de Vallejo sigue vigente.