Les rinden guardia de honor en Clavijero, Tizayuca y San Juan del Río.
Este 30 de mayo la cooperativa Pascual realizó homenajes y guardias de honor en memoria de sus compañeros, José Concepción Jacobo y Álvaro Hernández García, también conocidos como “los mártires de Pascual”, asesinados hace 43 años durante la huelga refresquera, por órdenes del entonces patrón, Rafael Jiménez.
Socios cooperativistas y personas invitadas se trasladaron hacia las plantas de producción de Tizayuca, Hidalgo; y San Juan del Río, Querétaro; así como a sus oficinas centrales de la Ciudad de México, para realizar los homenajes de forma simultánea. La presidenta de Pascual, Patricia Izarrarás, realizó su guardia de honor en Tizayuca.
En las instalaciones de la calle Clavijero, a unos metros de donde ocurrió la agresión contra los trabajadores de Pascual, Ricardo Sánchez, secretario técnico del Consejo de Administración, afirmó que el sacrificio de Jacobo y Álvaro no fue en vano, pues “contribuyó a constituir una empresa con condiciones más justas para sus trabajadores basada en valores y principios cooperativos”.
Por su parte, David Vilchis Palemón, del Consejo de Administración, destacó que los mártires de Pascual son “símbolos eternos de resistencia, compromiso y convicción de que un mundo distinto sí es posible cuando lo construimos colectivamente”.

Enrique Gómez, representante de la cooperativa Tradoc, subrayó que el asesinato de Álvaro y Jacobo llenó de rabia e indignación. Fue el momento en que el pueblo y sindicatos se volcaron a apoyar el movimiento de los trabajadores de Pascual. En específico, trabajadores del sindicato de Euskadi, aportaban una cantidad mensual para apoyar la huelga.
Legado de los mártires continúa
Carina Hernández es hija de Álvaro Hernández García. Tenía cuatro años cuando su padre fue asesinado. Hoy es socia de la cooperativa Pascual y dice a La Coperacha que su padre, “donde quiera que esté”, se debe sentir muy orgulloso por los logros de la cooperativa.
“Lo recuerdo un papá muy cariñoso, muy atento. Cuando entré a la cooperativa todos decían (de Álvaro) que era una persona muy alegre, nunca lo veía enojado, siempre lo veían sonriendo. Era amigo de muchos. Una gran persona”, describe.
Carina dice que el homenaje a los mártires es “bonito, emotivo, triste, un cúmulo de muchas emociones”. Perdió a su padre el 31 de mayo de 1982, sin embargo, exactamente 29 años después tuvo un hijo, quien lleva el nombre del abuelo.
Año tras año la cooperativa le hace un homenaje en el pueblo natal de cada uno de los mártires. En el caso de Álvaro, se trasladan a Santiago Yucuyachi, región mixteca de Oaxaca; en el caso de Jacobo, a Tócuaro, Guanajuato. Hacia allá se traslada una comisión de la cooperativa, la familia, se realiza una guardia de honor y el legado de Álvaro y Jacobo continúan.