Cooperativa Pascual, 40 años de lucha que sí se ve

16/Diciembre/2025

Recuperar fábricas y volverlas cooperativas a lo largo del mundo, reconforta la esperanza.

Colaboración especial de la académica, Celia Pacheco Reyes, investigadora de Estudios del Trabajo en la UAM-X.

La histórica lucha que dieron los trabajadores de la empresa refresquera Pascual entre 1982 a 1985 no fue un suceso espontáneo. Fue resultado del paulatino ascenso del movimiento obrero desde mitad de los años 50, los acontecimientos de 1968, en el contexto de la insurgencia sindical que se fue forjando en el México de los años 70, la inquietud por democratizar los sindicatos y pasar de la subordinación a la crítica, a la protesta, a tener posiciones, propuestas, a buscar unidad y hablar de abusos de los patrones, de la clase obrera y de temas políticos. También se hablaba de la violencia del Estado, se reportaban la represión, asesinatos, persecución, temas que se instalaron en las conversaciones en reuniones familiares y de amigos, con preocupación.

Se podían identificar banderas de huelga en lugares de trabajo, conocimos el boteo y la cooperación acompañados de volantes informativos con los motivos de la huelga o el movimiento social. Surgieron círculos de estudios y asambleas. De los temas filosóficos y debates que se ventilaban, se percibía que al final se trataba de que en el mundo la mayor lucha era por la justicia social, la necesidad de solidaridad y la unidad; luego, había injusticia y abuso.

Al menos, era lo que yo percibía cuando en mi familia alguien justificaba la necesidad de participar en una corriente sindical opositora al charrismo en su trabajo, así que conocí a temprana edad lo que implicaba la huelga, las guardias, la precaución, pero también el huevo con chorizo, que no sé por qué, sabe tan bien junto a la puerta con la bandera rojinegra. Conocí la represión, los rompehuelgas y la traición… De ahí en delante, llegar con tortas a los movimientos huelguísticos se volvió algo que había que hacer.

Llegaban con sus botes…

Había que colaborar con los trabajadores de Pascual, que llegaban con sus botes y su información a las aulas y a Las Islas en Ciudad Universitaria. También había asambleas estudiantiles, populares y de grupos políticos para apoyarles. Su lucha siguió. En el primer congreso académico al que asistí, pidieron permiso para subir al foro a exponer que fueron atropellados y violentados, con la alarma generalizada de los asistentes.

Saber que en otro momento ¡ganaron! también fue motivo de celebración. Después hubo que seguir cooperando con alguna moneda, pues el triunfo no fue gratis, los trabajadores tuvieron que pagar. Esta y otras luchas motivaron mi inclinación por la Sociología del Trabajo, en particular, por la respuesta obrera frente al carácter explotador del capital, una respuesta esperanzadora, sobre todo, cuando de vez en vez, gana el lado obrero. De las derrotas, mejor aprender. Por su cuantía, más vale aprender.

Empresas recuperadas

En pleno fragor del neoliberalismo, en el contexto del así denominado efecto tango, samba, tequila, a principio del siglo 21, en una estancia de investigación en Argentina supimos que se multiplicaban las resistencias frente al desastre económico, con un cierto auge de nuevas formas que consistían en ocupar fábricas y empresas que estaban cerrando, para resistir desde dentro, evitando el vaciamiento de maquinaria e insumos, y en manos de los trabajadores, hacerlas producir. A partir de ahí, reorganizar las actividades, reconfeccionar los puestos de trabajo, buscar ayuda profesional para enfrentar los temas jurídicos, acompañado por la lucha por la cooperativización, por la tenencia de los insumos, máquinas, equipo, etcétera, incluida la tenencia y propiedad del terreno, si era el caso.

Gestión obrera, control obrero, cooperativa, trabajo colectivo, saber-hacer, fueron temas que aparecieron en las reflexiones de los trabajadores cuando no hubo una gerencia o instrucciones desde la patronal. También fue patente la necesidad de capacitación, de negociación, pero ahora con proveedores, de planear estrategias, contactar clientes, todo lo necesario para el emprendimiento, bajo la conducción de los propios trabajadores. Y mientras, la lucha sigue, sigue, sigue. La comprensión de que estaban en medio de un proceso autogestivo que requería compromiso y entrega a un proyecto que no sabían bien a bien cómo construir se impuso con cierta fatalidad.

Fábricas de esperanza

En México ya conocíamos esta forma de lucha, también sus dificultades y desafíos. Entre ellos, que un proyecto como la Cooperativa de Trabajadores de Pascual lograra resistir en estos poco más de 40 años, esforzándose por lograr un equilibrio como empresa de trabajadores con una inscripción social y democrática, además de ambientalmente responsable. Y, al mismo tiempo, seguir con el proyecto cooperativo, trabajando su mística.

Saber que la ocupación y recuperación de fábricas por sus trabajadores, y su posterior cooperativización ocurre en otros lugares del mundo, reconforta y da esperanza. En la Red La Economía de las y los Trabajadores, del Programa Facultad Abierta, de la Universidad de Buenos Aires, participamos con diversas experiencias de recuperación. Desde 2007 hemos podido conocer otros casos en Italia, Grecia, Brasil, Uruguay, Francia, así como otras experiencias y movimientos afines o similares, relacionados por su construcción económica, es decir, la autogestión de las y los trabajadores.

Por eso, en esa Red, impulsamos la visibilización de la cooperativa Pascual -y de otras experiencias mexicanas- por lo que puedan compartir, por la fuerza que puede construirse, por su acompañamiento, por lo que puede aprenderse en conjunto del lugar que ocupan en el proceso total de lucha de clases que se libra planetariamente.

Cooperativistas de Pascual saliendo a las calles el 1 de mayo

Conciencia política de trabajadores

A través de los testimonios en voz de los propios actores de los procesos de recuperación y posterior cooperativización que hemos podido conocer, se advierte que cuando en la fábrica recuperada había una organización sindical o colectiva, esa cierta conciencia política permite asumir la reingeniería del proceso productivo y mantener el compromiso colectivo engendrado en una identidad como trabajadores, y su reconversión, ahora como dueños.

Este antecedente como actores subordinados que pasan a la dirección empresarial sin embargo no deja de ser conflictivo, ya que literalmente, se trata de un cambio socio-cultural y de la subjetividad al que no se encuentran preparados los trabajadores en proceso de transformación como socios de una cooperativa, cuya inscripción en una definición estricta les ubica más cerca de los intereses empresariales y sus preocupaciones, como la competencia y la lucha por el mercado, más que por los aspectos nobles de la lucha y el compromiso social, mientras la educación y el contexto social de quienes ocupan puestos como obreros, no les prepara para una actuación empresarial.

Es triste comprobar que sostener la vía del acuerdo, del respeto, no es fácil. ¡Y después mantenerse fieles a los principios cooperativistas! Tampoco es fácil transmitir ese espíritu a las generaciones siguientes, inspirar a quienes no vivieron la complejidad de la lucha de mantener la aspiración a la justicia y compromisos sociales, pero con una calidad y precio que les permitan sobrevivir en la jungla del mercado capitalista. Sobre todo, si se tiene éxito, ya que paradójicamente, también es riesgoso para una organización democrática.

Por todo ello, constituye un orgullo estar cerca de la Cooperativa de Trabajadores de Pascual, siempre generosa, de puertas abiertas a la academia, y cercano a las familias, los barrios, las comunidades. Felicidades por 4 décadas de consolidación cooperativa.

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